En las últimas dos décadas, el cine nórdico en general y el danés en particular, han tenido relevancia a lo largo y ancho del mundo, debido a diversos factores que tienen que ver con los métodos de producción y distribución locales, pero también con el hecho de haber sabido aprovechar los mecanismos propios de la globalización a su favor. Las películas danesas, con escenarios locales e historias humanas, hacen alarde de su buena factura pero también del hecho de que la pretensión y la condescendencia no son necesarias para que una película sea entrañable y cumpla con su objetivo primordial: transportarnos a otro lugar, a otro momento.
Parte de estas características (o, desde mi punto de vista, virtudes) se las debemos, en gran medida, a Dogma 95, movimiento creado en ese año por Lars von Trier y Thomas Vinterberg, al que inmediatamente se sumaron Christian Levring y Soren Kagh-Jacobsen, así como una gran cantidad de cineastas de todo el mundo después de ellos. El juego provocador e irreverente iba más en serio de lo que todos creían.
Submarino es la más reciente película del director danés Thomas Vinterberg, quien fue lanzado a la fama con grandes credenciales, gracias a la cinta Festen (1998), la primera en filmarse bajo los postulados (o votos de castidad, como sus creadores les denominan) del manifiesto Dogma 95.
Vinterberg regresa al drama familiar que muchos de sus colegas de Dogma 95 han cultivado con tan buenos resultados y que él mismo ya plasmaba en Festen. Sucede que, debido a las limitantes planteadas en el manifiesto, en las películas Dogma el verdadero reto, independientemente de las cuestiones narrativas, es la historia, su capacidad de convencer, su profundidad y la manera en la que es representada por los actores.
Ya libre desde hace algún tiempo de las ataduras, mas no de la experiencia y las enseñanzas de Dogma 95, Vinterberg nos habla ahora de relaciones fallidas, de culpas, de crisis. Submarino retrata el drama humano, social, familiar y personal a través de relaciones disfuncionales que se presentan en cualquier lugar del mundo. De manera cruda y directa, vemos lo que hay y por austero que esto sea, resulta de una profundidad asombrosa.
Una familia disfuncional, una mujer alcohólica y tres hijos abandonados, dos de los cuales tienen que hacerse cargo del menor de ellos, que apenas es un bebé. Niños que imitan lo que ven, que fuman y toman como lo hace su madre, que está casi siempre ausente y que ejerce violencia sobre ellos de manera sistemática. Después, la tragedia, esa que marcará al mayor de los hermanos para siempre con una culpa de la cual no podrá deshacerse sino hasta mucho tiempo después, ya en la madurez.
Nick y su hermano se separan tras una infancia difícil. Él es un ex convicto, un hombre violento con muchos problemas para expresar sus emociones y todo aquello que le causa tanto dolor y tanto odio. Su hermano es un viudo adicto a las drogas, que cuida a su pequeño hijo. Las vidas de ambos se unirán de nuevo en un momento en el que las decisiones están aún por tomarse.
La palabra clave para describir esta cinta es austeridad. El lenguaje, las expresiones, los gestos, los ambientes, todo es austero, mas no superficial. La mayor parte del filme se encuentra iluminado por una luz proveniente del cielo nublado, gris. En algunos interiores predomina ese tono de azul que podemos apreciar en muchas películas nórdicas de los últimos años. Todo esto provoca un sentimiento de frialdad y desolación que combina con los sentimientos de los personajes y la situación en general.
Las historias paralelas de los hermanos tienen lugar en un despliegue temporal que percibimos gracias a pequeños detalles en la vida cotidiana de ambos. Son historias que se unen y se separan durante toda la cinta, dejándonos ver tanto el vínculo que existe entre ellos, como todo aquello que los separa. Los dos tienen mucho en común y eso que los une es doloroso. Comparten una infancia muy dura, así como un constante deseo de autodestrucción que no reconoce ataduras ni responsabilidades.
Submarino habla de la culpa, de tratar de salvar algo que hace tiempo se perdió, de tener otra oportunidad, aunque esto parezca muy poco probable, debido a que las heridas continúan abiertas. En sus personajes se encapsula la ira, la frustración, la añoranza de poder haber tenido una vida mejor, la compasión por ese niño interno que no ha muerto pero que tampoco ha crecido, con el que no ha podido haber reconciliación. Siempre hay un niño al cual salvar pero el más importante es aquel que no ha dejado de sangrar y que se lleva por dentro.
Con esta cinta, Thomas Vinterberg se reafirma como un director importante dentro del panorama cinematográfico contemporáneo. Submarino se presentó en competencia en el pasado Festival de Cine de Berlín, obtuvo el Premio de la Crítica en el Norwegian Internacional Film Festival y también se hizo acreedora al Nordic Council Film Prize.
http://www.youtube.com/watch?v=j1g_mM7oYZs
martes, 16 de noviembre de 2010
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2 comentarios:
Coincido contigo... una gran película... de las mejores en esta 52 muestra internacional de cine de la cineteca nacional... cruda, violenta pero profundamente humana... y genialmente narrada... te dejo un fuerte abrazo... Víctor Bárcenas
No dejes de escribir!!! Lo haces de una forma espectacular. Definitivamente tengo que ver esta película. Un beso. Coke
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